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Una pequeña panorámica del Parque Simón Bolívar, uno de los dos sitios que congregó a la mayor parte del publico.

 

Fotografía: Chente *Bogotá, oct/98

Y además saben quienes se presentaron allí ante ese publico?

La lista es algo larga: Darma, Acutor, Infected, Purulent, Tenebrarum, Kilcrops, Atrium, Darkness, Criminal de Chile, Agony, Ethereal, La Pestilencia, Animal de Argentina, Neurosis Inc., Los Superlitio, Robi Draco Rosa, Los Felics, Marimonda, Resorte de Mexico, Ultrageno, Aborigen, Raiz, Pepa Fresa, 1280 almas, Vertigo, Dogma Sinaca, Desorden Publico de Venezuela, Niños con Bombas de Estados Unidos, Aterciopelados...

-En los días 10, 11 y 12 de Octubre se realizó el IV Festival de Rock al Parque en Santafé de Bogotá.

La Media Torta, 2do. Escenario Fotografía *Chente

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La mayor convocatoria entre jóvenes y rockeros de Colombia, Rock al Parque, es una cruzada que subsiste gracias al Instituto de Cultura de Bogotá y la empresa privada. Pasó discreto en los medios de comunicación, opacado por el paro, los diálogos de paz, la reforma política y las peleas eternas entre las clases sociales y políticas.

Por PATRICIA VALENCIA PAOLO COSTELLO

Especial para EL COLOMBIANO

Ni las noticias nacionales ni la realidad violenta de cada rincón de Colombia frenaron la energía de quienes se aventuraron, el pasado fin de semana, al disfrute del rock, de manera pacífica, tolerante y dialogada.

En Rock al Parque no sólo se distinguieron dos tinglados (la Media Torta y el Parque Simón Bolívar, donde simultáneamente alternaron los grupos) sino un público tan variopinto como la música que salía de los 120.000 vatios del sonido. De todo el país llegaron hasta en volquetas y buses de barrio fleteados al por mayor, jóvenes que iban en busca del santuario en que se ha convertido este evento, al cual asistieron cerca de 230.000 rockeros, según datos oficiales.

En esa correría no faltaron los rebuscadores, los sin pasaje parar regresar, los vendedores de incienso, los que compraron carretes de nylon para venderlos en tiritas y reemplazar las correas que eran decomisadas a la entrada por la Policía o los que a punta de carreta y farandulilla rockera pasaron la noche en improvisados cambuches, en las estribaciones del Cerro Monserrate, pues no contaban ni con los $5.000 que valía un alojamiento de mala muerte y con agua fría en la Avenida Caracas.

Los músicos y el público en general quedaron impactados con la organización de Rock al Parque, aunque hubo algunos baches: no hubo ruedas de prensa debidamente organizadas y el público se creció sin que los organizadores se prepararan para eso con mejores servicios públicos y zonas de alimentación.

ˇPaso a su alteza el rock!

Aparte de los diferentes géneros del rock también pulularon las letras contra el Estado, la intolerancia y la muerte en la guerra, con voces que desgarraron el aire, como cuando Dilson, líder del grupo hardcore La Pestilencia, de Medellín, interpretó "soldado mutilado" diciendo "este tema está dedicado a la madre de un soldado que tripulaba un helicóptero derribado por la guerrilla y que, cuando fue a reclamar el cadáver, le entregaron una raída bandera nacional".

Desfilaron estilos del rock, donde lo que se impuso fue la fusión, el funk, el tradicional blues, el siempre vivo ska, ritmo caribeño mezclado con el punk; el que más acogida tuvo fue Desorden Público, de Venezuela.

El gran rey fue el metal, con 15 bandas representativas, el domingo en el Simón Bolívar, día especial para este género, donde se destacó el power latino, representado por A.N.I.M.A.L. (argentinos). En otros sonidos, la mezcla de hard core y power con Resorte, mexicanos.

Los raperos se vieron en aprietos, no sólo por la lánguida presencia de grupos -La Fortaleza, Rappers Spider y Rapunzel- lo que demuestra la baja profesionalización de los intérpretes de este género, a pesar del amplio número de seguidores.

Los amantes de vieja guardia también tuvieron su cuota. Doña Ivón, de 50 años, quien fue con su hija de 20, disfrutó de grupos como Vértigo, Issidore Ducasse, cultores de un blues y un hardrock de los 70 bastante elaborado, aunque también se solló las 1280 Almas, banda ya de culto en la escena capitalina.

Uno de los grupos nacionales que mejor aceptación tuvo fue Superlitio, de Cali, que enfrentó al monstruo Robi Draco Rosa, de Puerto Rico, exmenudo convertido en algo así como ángel con un tridente, un excelente compositor con un sonido encantador y denso, que dejó al Simón Bolívar sumido en el estupor. Y Dogma Sinaca, otra banda nacional que mostró talla internacional, la única que con su espectáculo y sonido rock de los noventas (fusiones), descrestó a todos.

Entre el 2.000 y la Raza

Un chico mexicano, integrante del grupo Resorte, en una entrevista afirmó: "Cuando una cultura toca fondo, vuelve a buscar lo que aniquiló (...) El rock es un movimiento visceral (...) Los valores indígenas son tan apreciados porque proponen cosas para la humanidad y porque les han arrebatado todo (...) Este es un movimiento que tiene un poder que emerge de América Latina, de Africa (...) A nosotros sólo nos han arrebatado la identidad..."

Un gringo con ascendencia latina y tres alemanes fueron, según el público radical, lo más harto del festival: Niños con Bombas, la única banda de Europa (Alemania), mezcla de ska-regge, punk y funk, todo pasado por un sampler y cantado en español, sonido difícil para los acostumbrados a escuchar sólo metal, hardcore o ska.

Otra novedosa propuesta fue Volumen Cero, grupo de Miami conformado por tres chilenos y un ecuatoriano (aunque en esta ocasión trajeron a un pereirano en la guitarra), con un sonido enraizado en Joy Dvision y The Cure, música intimista que para el nuevo milenio insinúa Radio Head, muestra de que el rock latino puede ser más que congas y fusiones caribeñas.

"Los grupos más profesionales, acoplados y con sonidos del Siglo XXI, están en el extranjero. Aún los grupos de aquí tocan con sonido de los 80, no estamos escuchando música", fue la afirmación contundente de María Inés Vélez, manager de Estados Alterados.

Nuestra radio juvenil aún está pegada a las listas comerciales: sonidos actuales que traen fórmulas del pasado para ganar consumidores con mayor poder adquisitivo. Es lo que explica una sobredosis de cueros en Rock al Parque III, con grupos como Pepa Fresa, Leit Motiv y otros tantos, y el exceso de bronces, trompetas, saxos de este año, que se vuelven cacofónicos. Con el metal, hardcore y el ska parece suceder lo mismo, sin demeritarlos ya que a nivel interpretativo tienen calidad y amplia aceptación, lo que denota lo "sordos" que somos, tanto intérpretes como escuchas del rock, frente a nuevas y viejas propuestas.

Rock Medallo

El festival fue una buena ocasión para medir el aceite al rock nacional. Una de las primeras cosas que podemos apreciar es cómo se ha ampliado la brecha entre chicos y grandes (milagro que en todas las esferas ha producido el bálsamo de la globalización), que dejó en el público un vacío en el estómago, como un bungee jumping sonoro al escuchar al impecable sonido del grupo venezolano Desorden Público, y luego al manizalita Angeles con la Cara Sucia, sin sonidista y con músicos amateur en los vientos.

Otro aspecto que se evidenció fue que el rock paisa mostró cómo a pesar de contar con excelentes grupos ya considerados de culto en la escena capitalina -como Estados Alterados, Bajo Tierra (que no fue elegido porque "no podían repetir y no tenían trabajo nuevo"; concepto cuestionable porque sí volvieron a tocar grupos bogotanos que han bajado su nivel), la Pestilencia y Tenebrarum, y grupos que despuntan como Polvo de Indio- no hay un gran público ni escenarios ni empresarios que arriesguen, ni conciertos, por la excesivas trabas administrativas para la realización de estos.

Eso contrasta con Bogotá, donde existe infraestructura y voluntad para hacer posible eventos como Rock al Parque y una escena que constantemente se está alimentando de programas especializados en rock en las emisoras culturales y comerciales, cine clubs con programaciones especiales, conciertos en una variedad de ofertas desde el blues y el jazz. Hace sólo un mes se realizó Jazz al Parque, con invitados de todo el mundo, y en junio se organizó otro festival internacional con una docena de bandas nacionales e internacionales, llamado Rock al Piso.

En Bogotá hay hasta after parties, donde se escuchan nuevas tendencias como el jungle o el triphop, revistas especializadas que difunden los grupos locales e internacionales como Disidencia, academias para los músicos, especializadas en géneros como el metal. La escena capitalina debe ser un buen ejemplo a seguir por el rock paisa, para salir de su inercia.

Tomado de EL COLOMBIANO Octubre 19 de 1998