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METALLICA

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Qué Metallazo! Ayer, en el Parque Simón Bolívar se llevó a cabo uno de los mejores conciertos de la historia metalera del país. Metallica tocó durante dos horas y diez minutos y no dejó ninguna duda: son los mejores.

Parque Simón Bolívar. Domingo dos de mayo. A las 6:20 p.m. los colombianos de La pestilencia (el segundo grupo que se subió a la tarima) hicieron la mejor introducción al 'plato fuerte' de la noche. El cantante de la agrupación paisa dijo: "ahora viene el mejor grupo, Metalica, hijueputata". El madrazo sonó sincero y acorde con el estilo del grupo gringo. Fue una presentación visceral.

Los primeros acordes se escucharon a las 4:30 p.m., cuando la banda bogotana Darkness (en un simplona presentación) empezó con el metal. Luego siguió La pestilencia que empezó a despertar a los espectadores con su "futuro nunca habrá, futuro nunca ha habido...".

Después se bajó un telón donde predominaba el rojo y el naranja (como una llama surrealista), se apagaron las luces, se hizo el último anuncio, el presentador de tarima pidió calma y empezaba uno de los mejores conciertos que se ha llevado a cabo en Bogotá, el de Metallica.

El humo se tomó la tarima, sonaba una tonada como de película del Oeste y el impecable y crudo sonido de las guitarras de Kirk Hammet (guitarrista líder) y James Hetfield (vocalista) retaban al público a creer. "¿son ellos?", es la pregunta que rondaba entre el humo y sudor de gente.

Sí si eran, pero todavía causaba bastante sorpresa su presencia. Tanta que no se armó 'pogo' en los primeros temas. Era como una parálisis colectiva. Nadie se quería perder una sola mueca que hicieran los músicos.

El segundo tema que tocaron es uno de sus himnos: Master of Puppets. Finalizando la canción Hetfield escupió (como es su costumbre) por primera vez, bautizando la tarima capitalina.

Jason Newsted (el bajista) se movía como Jason Vorhees, el asesino de Martes 13, cabeceaba manteniendo las otras partes de su cuerpo con una rigidez de paralítico. Se notaban la ganas del grupo. Se notaba la locura del público. Se sentía que el piso del Parque Simón Bolívar iba a romperse por culpa de tantos saltos frenéticos.

Hetfield no paraba de decir "Thank you, thank you" y finalizaba a veces con un sincero "Fuck you". La banda tocó de todo, quizás la gran ausente fue la canción The unforgiven, que no fue incluída en el repertorio. Hubo para todos, para los metaleros de antaño que vieron crecer el grupo y ecuchaban con lágrimas Battery o Creeping Death. Hubo para la generación intermedia: para ellos, temas como Enter sandman, Sad but true, One. Y también para los neonatos en Metallica: Die, die my darling, Memory remains, Fuel... .

Cuando empezaron a sonar las primeras pistas de la canción One, comenzó también uno de los momentos más efusivos del concierto. La pólvora estallaba. Se oían sonidos de guerra y las explosiones continuaban. Y ahí estaba Mr Hetfield iluminado por una rayo naranja y el Parque se llenó de lucecitas de encendedores.

Los Metallica se despidieron tres veces. En sus rostros había unas sonrisotas y un aire de sorpresa. Después de tocar de forma agresiva el tema Battery. Se perdieron al final de la tarima. La oscuridad volvió. La fanaticada miraba con nostalgia el escenario vacío y se escuchaba el "por fin, por fin, ¿será que vuelven?". Quién sabe, por ahora solo cabe recordar el día de ayer debe pasar a la historia rockera del país porque tocaron, nada más y nada menos que los Metallica hijueputa, como lo dijo sabiamente el vocalista de La Pestilencia. ¡Qué metallazo!

TOMADO DE EL TIEMPO, mayo 3 de 1999 - Escrito por Miguel Menéndez

 

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